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Yo sé, porque estoy o he estado ahí

Realmente sé cuanto duele. Porque me duele, porque me ha dolido. Yo sé, cuando me dices que no puedes parar la mente, porque recuerdo perfectamente esa impotencia de no saber cómo haces que deje de torturarte.

Yo sé, cuando me dices que te duele el abandono, la pérdida. Lo sé porque me ha dolido y me duele.

No quiero venir a contarte que tengo todo resuelto. Ni de lejos. Me pasan cosas monstruosas todos los días. Hace semanas que estoy enojada desde que me levanto hasta que me acuesto. Porque quisiera hacer las mismas cosas que hacía hace unos meses, antes de la fractura. Porque mi nana está enferma y odio tener que sumar más actividades a mi día para vivir en condiciones decentes.

Estoy molesta y ando irritable porque hay cosas que todavía no sé como resuelvo en el día a día. Y sí, me duele que me hagan daño y sentir a ratos que no es justa la vida.

La Beatriz que soy me gusta, la vida que tengo me gusta. Pero me gusta hoy, después de 15 años de tomar decisiones, de desapegarme de lo que conocía. Me gusta a ratos y a veces tengo ganas de que nadie más me hable. Me gusta cuando se prenden los focos, pero no cuando suena el despertador cada mañana.

Tienes que entender que la vida se hace momento a momento. Que nadie tiene la vida resuelta. Los problemas no son más grandes o pequeños. Que aunque duela, la diferencia lo hace lo que hagas con el dolor, no la ausencia del dolor.

Tener una vida plena es una decisión. Una decisión que tienes que tomar cada día. Porque tener una vida plena no es la ausencia de problemas. Es lo que haces con los problemas. Si decides ser una víctima o encuentras en ellos un nuevo potencial. Hay que morir a veces varias veces al día para poder nacer de nuevo. Los haces con cada nueva idea, con cada ladrillo que te cae en la cabeza y te dices, pero cómo no lo pensé antes.

Deja de mirar a otros como si no fueran humanos, porque no conozco a nadie en la tierra que no haya atravesado el dolor para transformarlo en sabiduría y que la haya obtenido meditando. La sabiduría no se obtiene más que viviendo y recorriendo el camino. No hay excusas para ti, la decisión de ser feliz es tuya y de nadie más. Si no lo quieres, solo asume, pero no digas que a ti te ha tocado más difícil como si esto te diera derecho a no hacer nada al respecto.