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volver al foco

Hoy pude experimentar cómo nos salimos del vórtice en tan solo minutos. Observar nuestra mente nos ayuda a reconocer cuando estamos fuera, y poder hacer los ajustes antes que esto se manifieste en nuestra vida.

Como varias veces por semana, después de dejar a mis hijos por la mañana seguí a la piscina. Nadar es algo con lo que me he reencontrado este tiempo y me genera mucho relajo y placer.

Me meto al agua y comienzo a nadar, a un ritmo contante pero sin apurarme. En mis oídos suena la playlist que me he programado y disfruto la música.

A las quinta vuelta, siento el cuerpo cansado y me pregunto si mejor no lo dejo aqui hoy. Estoy cansada, anoche me acosté muy tarde y no he andado bien estos días. El agua pesaba, el cuerpo pesaba, no me lograba sentir cómoda.

Decido tener fuerza de voluntad, tal vez no era necesario hacer las 50 vueltas, pero al menos nadar la mitad. Entonces con la perspectiva de solo 25 vueltas, y con ya 5 hechas la cosa era mas fácil por lo que comienzo a nadar nuevamente. Lentamente mi mente con el ejercicio se va aquietando. Me doy cuenta que hasta la décima vuelta estuve preocupada por lo que no había hecho y me faltaba hacer. Sentía que estaba perdiendo el tiempo mientras nadaba, me sentía agobiada con todo lo que tengo pendiente. Ahora, diez vueltas después, la mente se había calmado, y sentía el cuerpo liviano, el movimiento fluido, el agua deliciosamente tibia y la música me impulsaba.

Ahora, recién ahora me sentía feliz. ¿Cómo fue que quise parar y perderme esto? Ya en la vuelta 30, pensaba que podría probar nadar unas diez vueltas más de lo habitual, no sentía cansancio, solo fluidez. Mi mente divagaba en las cosas fantásticas que podría vivir, las cosas nuevas que me gustaría crear. Entonces un nadador me rebasa. Fue prepotente y mal educado. Me dio rabia, porque me rebasó solamente para ganarme porque cuando llego al final de la pista estaba ahí jadeando del pique que se había impuesto. Me enojé, me dio rabia que haya gente tan imposible…. y ahí me di cuenta. Nuevamente estaba cansada, con el cuerpo pesado, no sentía el placer de nadar porque no fluía. Me había dejado perturbar por algo que estaba afuera, volví a salir del vórtice. Terminé mis vueltas, y me salí del agua. La vida es exactamente igual en cuantos sentidos. Podría haber llegado mucho mas lejos, pero me dejé sacar de mi vórtice por factores externos y mi problema no era el hombre que estaba nadando era yo que permití que me afectara.