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La oración correcta

«No tendréis lo que pedís, ni podéis tener nada de lo que queráis. Y ello porque vuestra propia petición es una afirmación de la carencia, y decir que queréis una cosa solo sirve para producir esa experiencia concreta –la carencia– en vuestra realidad.

Por tanto, la oración correcta no es nunca de súplica, sino de gratitud.

Cuando dais gracias a Dios por adelantado por aquello que habéis decidido experimentar en vuestra realidad, estáis efectivamente reconociendo que eso está ahí… a todos los efectos. La gratitud es, pues, la más poderosa afirmación dirigida a Dios; una afirmación que Yo habré confirmado incluso antes de que la planteéis.

Así pues, no supliquéis nunca. Antes bien, agradeced, apreciad.»

Neale Donald Walsh en Conversaciones con Dios 1.

Nos cuesta tanto entender que cada cosa, en este mundo dual, son dos cosas. No hay arriba sin abajo, no hay alto si no es en relación a lo bajo. Cada vez que ruegas, visualizas, imploras o decretas, estás creando realidad.

El punto es que si lo haces desde una profunda carencia, esperando que alguien venga a darte lo que te falta, estás creando carencia. Desde Dios, no hay juicio respecto de lo que elijas vivir. Pero, tampoco puede reinterpretar lo que estás pidiendo.

Si la oración es ésta:

Dios, estoy desesperada. Tengo hambre, no tengo dónde vivir, me siento perdida. Te ruego me guíes, me des alimento y techo. Soy una buena mujer, he hecho lo necesario para estar en tu gracias. Por qué me has abandonado.

¿Cuál es la orden/ petición que recibe Dios?

La imagen de carencia, la imagen de miedo, la imagen de rabia, la imagen de dolor. Dios, que no hace juicio respecto de lo que es bueno para ti es literal. Tan literal que recibe la «petición» dando más de lo que pides. No reinterpreta,  no evalúa.

Es completamente distinta una oración de agradecimiento.

Dios, ahora que he vivido todo lo que sé que no soy, y que he llegado a tocar fondo, te doy las gracias porque sé que me tomas la mano y me guías a vivir experiencias mucho más felices y plenas. Dios, tu que me creaste a tu imagen y semejanza, se que me has conferido el poder de elegir mis experiencias y que en tu bondad has sido paciente conmigo y me has permitido tomar mis decisiones.

Ahora decido amarme más, darme más, y convertirme en mi mejor versión para honrarte a través de la felicidad y el amor. Gracias por ayudarme y mostrarme el camino en este proceso.

Das las gracias, de lo que sabes que es tu derecho vivir, porque sabes que con la guía necesaria podrás alcanzarlo y proyectas imágenes de felicidad y no de carencia.

Una oración no es más que una declaración ferviente de lo que es.

Hoy, que es víspera de viernes santo, sin importar el credo que tengas, te invito a tener una conversación con Dios. Una conversación donde le declares tus intenciones para tu vida. Declara tus deseos, tus anhelos y le agradezcas la guía que necesitas para darte la fuerza y lograrlo.

Una conversación con Dios, donde como un hij@ adulto, le digas tus planes para la vida. Deja de mirar a Dios como un niño carente, lleno de miedo. Dios es Padre y Madre, no te juzga, no te detiene. Como un buen Padre y Madre desea que experimentes la vida y que logres ser feliz.

Hoy formula tu oración y brinda por quien descubrió esta verdad hacemos mil años. El flaco, un hombre que hizo este mismo camino para llegar a la conclusión de que Dios no era un tirano, un castigador, si no un Padre/Madre, que está dispuest@ a darte su bendición.