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La llegada de Cristo a la Tierra

En el mundo están pasando millones de situaciones en este mismo momento. Muchas de ellas son increíbles, son personas amando, ayudándose, cuidándose unas a otras. Muchas de ellas son tristes, personas siendo dañadas y maltratadas. Es verdad, todo eso está pasando ahora mismo.

Lo que hay detrás de cada acción negativa, es falta de amor. La ausencia de amor, te genera miedo en cualquier de sus grados. En algún grado todos vivimos con  la culpa, la falta de autoestima, el miedo a la incertidumbre, el miedo al abandono. Pero cuando este miedo es intenso, nos puede llevar a hacer mucho daño para llenar este vacío, para sentir que tenemos el poder. El dolor y el sufrimiento que vivimos en estos tiempos a nivel colectivo es la falta de amor que se ha intensificado producto de la separación que hemos tenido en los últimos siglos entre el mundo material y el mundo espiritual. El mundo espiritual, no es la religión ni los dogmas, si no la conexión que hay entre todos nosotros, ese espacio de infinito amor que hay dentro de nosotros, es la energía que soy que me hace ser semejante a tí y a todo lo que hay. La falta de espiritualidad es la percepción que tenemos de estar separados de todo, y que nos lleva a creer que debemos trabajar duro toda la vida para ser alguien, para lograr lo que deseamos, que hay buenos y malos, y que debemos protegernos y luchar para no ser masacrados.

Hoy que es navidad, que celebramos la energía de Cristo, la energía cristica de la compasión y el amor incondicional, debemos hacer un alto y comprender qué es lo que se nos pide. Ni tú ni yo nos podemos hacer cargo de lo que pasa en cualquier parte de la tierra, excepto en un solo lugar: lo que pasa contigo. Si la oscuridad es falta de amor, de la única oscuridad que te puedes hacer cargo es de la tuya. Esta navidad podemos hacer un solo pacto con nosotros, aprender a amarnos tanto, que no necesitemos hacer daño a nadie para probar que tienes un poco de poder. Amarnos tanto que no tengamos que manipular a los que amamos para apaciguar nuestro miedo al abandono. Amarnos tanto que reconozcamos el infinito poder de crear nuestra realidad y no tengamos que acumular ni pelear por tener lo necesario para vivir.

Hagamos un pacto con nosotros/as mismos para amarnos tanto que seamos Cristo en la tierra e irradiemos este amor a toda la humanidad.