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el regalo que siempre quisiste

A lo largo de la semana, hemos observado como fue suprimido el deseo. Nos hicieron creer que era mejor no deseas, y así no sufrir la decepción del deseo sin cumplir. Desgraciadamente, al frenar este impulso natural, también fue frenado aquella parte nuestra que fue creada a imagen y semejanza de Dios. La capacidad de crear.

El primer paso de la creación es el deseo. El deseo nace de una fuerza interna que transforma la idea en pensamiento, el pensamiento en realidad y la realidad en experiencia.

Nosotros generalmente nos limitamos a solo re crear la misma experiencia una y otra vez al haber suprimido el deseo.

Este fin de semana, vas a volver a conectar con esa pequeña o pequeño que alguna vez deseó. Hay ahí un niño o niña que todavía cree que puede ser, hacer o tener todo lo que puede imaginar. Este fin de semana vamos a hacer un ejercicio para repararle.

Primero que nada cierra los ojos. Descubre en tu cuerpo cómo se siente desear algo. Pueden haber dos sensaciones. La primera, es sentir el estómago apretado, el cuerpo tensionado. Esa es la sensación de quien tiene el deseo suprimido. Algunos incluso logran imaginar una experiencia nueva, pero luego la mente amablemente te dice que no es posible y lo desechas. Esa voz es de alguien, alguien que te dijo que fueras aterrizado/a, realista. Alguien a quien conoces y que te intentó proteger.

La segunda sensación posible, es la de sentir el corazón expandido. Le emoción de saborear, sentir, experimentar lo que deseas incluso antes de manifestarlos. Es libertado, es expansión, es placer.

Trata de registrar estas sensaciones en tu cuerpo. Como se siente la represión y cómo la expansión. Ahora intenta recordar alguna situación en la que hayas deseado con todo el corazón algo, y no pudiste conseguirlo. Cierra los ojos e imagina recibiendo lo que deseabas. Imagina dándote lo que más querías en ese momento. Imagínate de adulto, entregándote lo que deseas y diciendo que confíes, que no tienes límites.

Ahora escribe una carta a ese pequeño/a diciéndole cuanto sientes que haya creído que era limitado/a, carente o que no se merecía lo que deseaba. Escríbele una carta diciéndole lo que siempre debio haber escuchado: que era capaz de cualquier cosa.

Si es posible y tiene aún sentido para ti, hazte un regalo, y date lo que entonces deseaste. Por ejemplo yo soñé con unos lápices de tinta maravillosos, mi hermana cuando comentamos este ejercicio me contó que su sueño eran los zapatos de charol. Aunque parezca algo superficial, el darte ese regalo que deseas es muy sanador.