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el espejo roto

Imagina que estás al centro de una enorme sala de los espejos. A tu alrededor solo se ven los reflejos de tí, distorsionados y fragmentados en mil `pedazos. Tu imagen completamente distorsionada y aunque en cada uno de los fragmentos puedes ver una parte de tí, no hay manera en que puedas verte por completo y tal cual eres.

Ahora piensa en la vida como ese espejo. Porque tu vida es tu reflejo pero tan fragmentado que te es imposible ver tu verdadero potencial en ella. Cada situación creada a tu alrededor es una parte tuya, pero completamente distorsionada por aquello que tu creaste ser. Cuando te viste reflejado/a por primera vez en los ojos de tu madre, de tu padre, no te viste a tí, si no su cansancio, su agobio, su pena o su rabia. Y pensaste que eras tu quien se reflejaba en su mirada y creíste que eres el/la culpable de todo eso. Y el espejo se rompió en pequeños pedazos, que a su vez volvieron a romperse en más y más fragmentos porque te viste reflejado/a en las personas que amabas y te viste a través de tus ojos percibiendo sus miedos y haciéndolos tuyos.

Hoy estamos ante la necesidad imperiosa de volver a armar esa imagen que tenemos de nosotros mismos. De recoger los trozos y reconstruirnos como los seres perfectos que somos. Es un trabajo lento, pero que día a día nos genera mejores y más amorosas relaciones no solo con los demás, si no con nosotros/as mismos.