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ejercicio de la semana: conociendo a mi niño

Me gustaría detenerme aquí un momento, para explicar un poco más el funcionamiento del cerebro, de acuerdo a lo que se conoce actualmente respecto a la neurofisiología. Particularmente quisiera referirme al estudio del doctor John MacLean acerca del Cerebro Triuno .(2) Es necesario entender esto para comprender por qué las heridas emocionales de la infancia son las que nos marcan para el resto de nuestra vida hasta que nos ocupemos de sanarlas.

La biología del niño interno.

El doctor Mac Lean afirma que en realidad tenemos tres cerebros en uno: el primero es lo que él ha llamado el Sistema Reptiliano, donde radican las funciones básicas: respiración, digestión, circulación, etcétera, hasta allí, somos bastante parecidos a las lagartijas. En la capa superior del cerebro radica el neo córtex o corteza cerebral donde tienen lugar las funciones más sofisticadas de raciocinio: razonamiento lógico, deducciones, memoria de datos, inferencias, hipótesis, etcétera y, finalmente, entre estos dos ámbitos está el Sistema Límbico, el cual está formado fundamentalmente por la amígdala y el hipocampo. 

Digamos que en este sitio se graba el “disco duro de la memoria emocional”. Aquí quedan impresas —en nuestros primeros siete u ocho años de vida— la forma como vamos a reaccionar ante las emociones básicas durante nuestra vida, cómo actuaremos en el manejo de lo que la doctora Miriam Muñoz ha llamado M.A.T.E.A: Miedo, Alegría, Tristeza, Enojo y Amor. De tal suerte que si sufrimos abuso y una buena cantidad de heridas se generaron en nuestros primeros años, la manera como a lo largo de nuestra adolescencia y adultez reaccionamos ante estas emociones tiene su origen en cómo aprendimos a reaccionar de niños. De allí la fundamental importancia de sanar a ese Niño Herido que mora en nuestro interior.

Imagina esta pequeña historia.

Es una tarde tranquila, te apetece salir a manejar un rato por la carretera, pues esto te relaja, así que tomas tu automóvil e invitas al paseo a un pequeño, él (o ella) se acomoda en el asiento del copiloto; se ponen los cinturones de seguridad… y parten.

Tú vas tranquilo y relajado. Sin embargo, mientras sales de la ciudad y comienza a caer la noche, te das cuenta que unos grandes nubarrones se empiezan a formar en el cielo, y en un breve lapso comienza a caer una tremenda tormenta…

¡Nunca te esperaste esto! ¡La tormenta arrecia cada vez más! No ves ya el camino… difícilmente distingues si hay curva o recta frente a ti, los faros de los vehículos que vienen del otro lado te enceguecen, el agua cae a raudales, tu auto patina en el suelo mojado… vas más nervioso y tenso a cada momento, sientes como tus puños van crispados sobre el volante, quisieras no estar allí, sientes un hueco en el estómago, sabes que la situación es delicada y requiere un gran control…

De tal modo, que sin pensarlo más, te detienes a un lado del camino y le dices al pequeño(a) que te acompaña:

—“Mira querido(a), esta situación se está poniendo muy fea, ¡así es que te voy a pedir que por favor ahora te pases al volante y seas tú el que maneje!”.

Esta actitud que nos podría parecer tan ridícula y absurda de parte de un adulto, desafortunadamente ES la actitud que generalmente se toma cuando se tiene que manejar una “tormenta emocional”. El adulto se siente abrumado, copado con la situación emocional desagradable, y entonces, imperceptiblemente y de modo automático e inconsciente, le cede el manejo de ésta al Niño Interior Herido, con los resultados que generalmente se experimentan: “no debería haberlo hecho, cómo lo permití, debí haber actuado diferente”, etcétera. Claro, uno no puede hacer algo distinto mientras no se sabe qué es lo que está sucediendo. De ahí la importancia de ir al rescate de este pequeñito que ha sufrido muchas heridas y que ahí sigue, tan desatendido e ignorado. Tocar esas heridas es algo que duele, ¡por supuesto que sí! pero es necesario pasar por ese dolor para sanarlo.

Buscando a nuestro niño interno herido

Ir al encuentro de este niño implica ir a buscarlo al fondo de uno mismo, como si en nuestro interior hubiese un cuarto oscuro, un calabozo húmedo y lúgubre, donde hubiéramos confinado a vivir, desde hace muchos años, a este pequeñito o pequeñita que fuimos y que seguimos siendo.

Tenemos que entender que cada vez que no nos escuchamos, cada ocasión que olvidamos nuestras propias necesidades y deseos, cada vez que nos tratamos con grosería y somos despectivos hacia nosotros mismos, reafirmamos el sitio de ese niño en el calabozo oscuro. ¿Y queremos vivir plenos y felices teniendo a esta criaturita en una mazmorra interna?

Tenemos que abrir la puerta de bisagras herrumbradas, permitir que la luz de la conciencia entre en ese sitio oscuro y olvidado, extenderle la mano a nuestro niñito y pedirle que nos permita restablecerun diálogo con él (o ella). Sólo así encontraremos una vía de rescate emocional que nos permita el reencuentro con la mejor, y más dañada, parte de nuestro Niño Interior. Si logramos hacer este rescate, entonces nos encontraremos en la vía justa para nuestra reconstrucción interna. Sólo así podremos darnos a luz a nosotros mismos, para comenzar a ser realmente un mejor ser… Sólo así.

Cuando se rescata al Niño, y no te permites olvidarlo nunca más, es para siempre. Para el resto de tu vida te acompañará y estará contigo hasta tu último aliento. Lo cual es maravilloso, porque te das cuenta de que nunca más volverás a estar solo. Donde quiera que estés, y sobre todo, cuando más triste, rechazado o deprimido te encuentres, allí será maravilloso estar en mutua compañía… tú con tu Niño y tu Niño contigo.

El desarrollo de las heridas es a veces en la fase embrionaria.

Ahora, tenemos que detenernos aquí un momento para comentar que estas heridas emocionales a veces comienzan a generarse desde mucho tiempo atrás, tan lejos como la fase embrionaria, según algunas teorías como la de la doctora Stephanie Mines, PhD, en su libro We are All in Shock.(3)

Cuando se da la fecundación del óvulo por el espermatozoide, esas dos células rápidamente pasan a ser a cuatro, ocho, dieciséis… así hasta formar una pequeña esfera de tejido que se alarga y se abre para volverse hacia su interior (como una tortilla) creando un surco muy protegido donde de inmediato, antes que cualquier otra cosa, se implanta el cable que surge y que será la médula espinal, al tiempo que se empieza a desarrollar la computadora más sofisticada llamada cerebro, creando en conjunto el sistema maestro o sistema nervioso central. ¡Es lo primero que la Madre Naturaleza establece!

Esta agrupación celular creciente, aparentemente sin forma clara aún, se organiza de tal modo que a tan sólo 27 días de iniciado el exótico proceso, dicho grupo de células forman un embrión de aspecto humano apenas distinguible, más pequeño que el tamaño de un frijol y que, sin embargo, TIENE YA UN CANAL NEURONAL Y UN CEREBRO QUE EMPIEZA A TRABAJAR…

Este  cerebro  básico  será  el  cerebro  reptiliano  (tallo  y cerebelo),  la  parte instintiva y de SUPERVIVENCIA, como ya hemos mencionado… para sobrevivir y perpetuar la especie. Esa es su función reguladora, por lo tanto, antes del mes de ser apenas el inicio de un simple embrión… empieza a percibir.

Si la situación o el ambiente de la madre es triste o violento, el cerebro reptiliano siente la amenaza de no ser bien recibido, de que su vida peligra en ese ambiente donde está, recibiendo además a través de la sangre que lo recorre, descargas de adrenalina o de cortisol de la madre que lo hacen entrar en estrés. Por supuesto, pasarán muchos años antes de tener idea del self o autoconciencia… ahora es sólo un grupo cada vez mayor de células inteligentes que pueden PERCIBIR… y sienten la amenaza a su sobrevivencia… ESA HUELLA QUEDARÁ EN LO MÁS PROFUNDO DE LA MENTE DE ESE SER, desde el inicio de su existencia y en los años por venir.

La epigenética nos ayuda a acambiar

¡Este conocimiento es revolucionario! Hoy en día se reconoce más y más la importancia de la epigenética en el ser humano, esto es, la interacción entre los genes y el medio ambiente en los organismos. “La epigenética es el estudio de modificaciones en la expresión de genes que no se encuentran en la secuencia del ADN y estas modificaciones son heredables. Una de las fuentes de mayores modificaciones de los genes es el factor ambiental y puede afectar a uno o varios genes con múltiples funciones”.(4)

Reforzando lo anterior, el Dr. Bruce Lipton, en su fascinante libro The Biology of Belief – La Biología de las Creencias – (5) nos dice que la epigenética es la nueva ciencia del auto-empoderamiento… epigenética literalmente significa: “control por encima de la genética”. Este nuevo y vanguardista campo de la biología surge apenas hace unos años con el desarrollo del Proyecto del Genoma Humano; siendo sumamente crucial lo que plantean los epigenetistas: ¡Destruyen la creencia del Determinismo Genético! Entendamos que esto es tan revolucionario como cuando Copérnico dióa conocer que la Tierra giraba alrededor del Sol y que no era el centro del Universo… De tal modo que en la última década apenas, los científicos están concluyendo que ¡¡los genes no determinan nuestro destino!!

Actualmente se empieza a reconocer científicamente, que por ejemplo, sólo el 5% de los pacientes de cáncer y trastornos cardiovasculares pueden atribuir su enfermedad a causas genéticas. El otro 95% sus males se deben a alteraciones epigenéticas atribuibles al entorno y NO a genes defectuosos. Por lo tanto, el ADN no es definido sólo por la biología, sino también por el ambiente en el cual se vive.

Concluyendo, hoy se sabe que durante nuestra vida las influencias ambientales, incluyendo nutrición, estrés y emociones pueden ir modificando los genes .

Así que las heridas emocionales de la infancia empiezan a veces antes del nacimiento. Las heridas iniciales pueden ser tan tempranas como desde el primer mes de la concepción, aún antes de ser un feto, apenas como embrión humano. El cerebro reptiliano puede empezar a recibir percepciones inconscientes de amenaza y miedo. Se revela entonces la vital importancia de sanar estas heridas en nuestra vida adulta, para además de ayudarnos emocionalmente, evitar enfermedades degenerativas debido a los genes afectados por lo vivido en el ambiente externo.

El ejercicio de esta semana, será en primer lugar contar la historia de nuestro niño o niña.

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