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Cuando la certeza se construye desde dentro

Construimos una vida en base a determinadas verdades, estructuras y hábitos. Cada día sabemos lo que vamos a hacer, el lugar donde vamos a vivir, el lugar donde vamos a trabajar. Estas certezas nos dan cierta tranquilidad, porque controlamos o creemos controlar lo que va a pasar.

Pero hay momentos en la vida en que un solo segundo basta para cambiarlo todo. Un segundo transforma nuestra agenda, nos priva de lo que creíamos importante y más aún nos hace tambalear todas las estructuras que conocemos para dejarnos en el más profundo vacío.

No importa si es la pérdida de un ser querido, un trabajo, o un accidente. Hay momentos en la vida que todo cambia en un solo segundo y nuestras certezas construidas con lo que estaban ahí afuera desaparecen.

Es solo la certeza interna, aquella que se basa en quien tu eres, crees y gustas las que te pueden salvar de cualquier cosa. Aquellas certezas que no dependen de nada ni de nadie, la certeza que radica en tu poder.
Cuando la certeza se basa en ti, en tus capacidades aunque el mundo se caiga a pedazos alrededor de ti, podrás seguir confiando en que todo va a estar bien. Cuando la certeza es porque sabes que tienes el poder de ser, hacer o tener lo que sea, que nada en el mundo lo puede impedir excepto tu mismo. Cuando la certeza es que somos energía en movimiento y tenemos la capacidad de influir en esa energía, entonces las cosas nos dejan de pasar, porque dejamos de estar separados y lo que sucede no es un castigo sino la transformación que necesitas para crecer.